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“Podría surgir un neofujimorismo sin Keiko Fujimori”

Entrevista de Cristian Rebosio a Steven Levitsky, politólogo y catedrático de la Universidad de Harvard. Imagen: El Comercio

Publicado: 2021-07-02
A pocos días de cumplirse un mes de la segunda vuelta, se mantiene la incertidumbre con respecto a quién estará en Palacio de Gobierno desde el 28 de julio. Mientras la coalición que respalda a Keiko Fujimori mantiene un discurso radical e insiste en haber sido víctima de un fraude, Pedro Castillo continúa desarrollando una agenda de reuniones propia de un presidente electo. En esta entrevista, el politólogo y catedrático de la Universidad de Harvard, Steven Levitsky, analiza los principales aspectos de las elecciones peruanas y los posibles escenarios para los próximos años.

Teniendo en cuenta las crisis políticas que venía experimentando el Perú durante los últimos años, ¿era inevitable tener una elecciones con este nivel de polarización?
Era bastante probable que iba a haber una elección con cierto nivel de crisis. Pero el resultado con dos opciones de los dos extremos opuestos fue producto de la extrema fragmentación debido al colapso de partidos. Ni la ultraderecha fujimorista ni la izquierda más radical, que representa Perú Libre, son una fuerza con amplio apoyo en Perú. Castillo entra a la segunda vuelta con 15% del voto emitido y Keiko (Fujimori) con poco más del 10%. Eso sería cuarto o quinto lugar en otro país. Además, había ocho o nueve candidatos separados por un cuatro o cinco por ciento del voto en las encuestas de las semanas anteriores de la elección. Podrían, perfectamente, haber salido candidatos del centro.
Keiko Fujimori era una candidata con un gran antivoto, ¿por qué las otras alternativas de derecha no lograron superarla en primera vuelta?
La derecha sufrió por no tener un partido político. En una democracia con un partido político, los líderes se juntan y deciden quién va de candidato presidencial, de vicepresidente y en el puesto de premier. Pero la idea de Hernando De Soto, Keiko Fujimori y Rafael López Aliaga compitiendo entre ellos, desde la perspectiva de la derecha, es un desastre debido a la ausencia de partidos. Fujimori entra porque, en un sistema ultrafragmentado, el tema es llegar al 10, 12 o 15% y Keiko tenía el núcleo duro del fujimorismo, que se ha reducido mucho, pero todavía hay un 8 o 10% de población que, por la memoria de los años noventa, tiene una actitud muy favorable hacia el fujimorismo y esa fue una gran ventaja para ella.
¿Hizo bien el fujimorismo al usar un discurso en el que solo ellos representaban la libertad y democracia?
Fue un fracaso fenomenal. Pedro Castillo no era un candidato fuerte, no tenía recursos, carecía de experiencia y asustó a gran parte de la población en la costa. Hay muy pocos candidatos que hubieran perdido ante Pedro Castillo. Pero Keiko Fujimori, además de ser impopular, no pensó seriamente en buscar votos en el interior ni en los sectores más pobres. Ella insistió en un discurso anticomunista que tuvo eco en la clase media limeña y de la costa, pero ese voto ya iba a estar con Keiko. Ella tenía que conquistar nuevos votos y no lo hizo. Prometió bonos, pero no hizo una campaña creíble prometiendo representar a los sectores más marginales de la elección. Terminó presentándose como la defensora del status quo y del establishment, lo que no es muy popular en el Perú.
Para los intereses del fujimorismo, ¿fue beneficioso que se involucren personajes como Mario Vargas Llosa y políticos de la derecha sudamericana, como Andrés Pastrana?
Ella tenía que reducir el voto antikeiko de gente limeña. Había un montón de peruanos que, cuando vieron los resultados de la primera vuelta, pensó en votar en blanco porque consideraban que los dos eran un desastre. Keiko tenía que seducir a ese sector y Vargas Llosa los ayudó mucho en ello. El problema es que se limitó a sus nuevos fans de clase media alta.
Keiko Fujimori estaría afrontando su tercera derrota consecutiva en segunda vuelta, ¿este podría ser el final del fujimorismo como el partido fuerte de la derecha?
No creo que desparezca al 100%. Hay un núcleo duro que tiene memoria de los años ochenta y noventa, una imagen muy favorable de Alberto Fujimori y sigue con cierta identidad fujimorista. Esto puede ser un 6 u 8% de la población. Está bajando, pero existe. Entonces, no creo que el fujimorismo vaya al 0%, pero sí perfectamente podría ser un partido chico, como el Apra o PPC hace unos años. Podría ser el fin de la carrera de Keiko después de perder ante tres candidatos muy débiles (Ollanta Humala, Pedro Pablo Kuczynski y Pedro Castillo). Son malos candidatos y Keiko perdió ante los tres. Creo que la derecha estará buscando a otro representante para 2026. Pero el discurso y las prácticas que asocian con el fujimorismo, las de una derecha antiliberal, eso va a seguir, incluso ser más fuerte en el futuro y podría surgir un neofujimorismo sin Keiko Fujimori.
¿Ve a Rafael López Aliaga como quien podría representar a ese neofujimorismo?
A eso apunta y podría tener bastante éxito. Tampoco es un político brillante o carismático, pero ha logrado un voto interesante en esta elección. Él ya se está posicionando para ser el representante de la ultraderecha en los próximos años.
El Partido Morado se mostraba como una derecha moderna, pero terminó sacando un porcentaje muy bajo en las elecciones. Por otro lado, candidatos de ultraderecha, como López Aliaga, logran tener mayor popularidad, ¿por qué la derecha ve mejor a la ultraderecha y no a una alternativa más progresista?
Los candidatos y partidos muy extremistas no suelen ganar elecciones, pero sí logran captar un porcentaje del electorado activista, militante y muy creyente que puede ser gente de ultraderecha o ultrareligiosos. Pero estamos hablando de un piso de 8 o 10%. En un sistema de partido sólidos, un partido así termina quinto o sexto, pero en un sistema ultrafragmentado, donde 12% alcanza para llegar a segunda vuelta, un partido extremista tiene chance. Pero en las elecciones presidenciales donde no hay partidos, porque las identidades partidarias son muy débiles en Perú, la suerte de los partidos tiene mucho que ver con el candidato presidencial y es este quien mueve la votación. Julio Guzmán ha aportado cosas muy positivas al Perú construyendo un partido centrodemocrático, pero no es un buen candidato. Creo que si Salvador del Solar hubiese postulado por el Partido Morado, perfectamente podría haber entrado en la segunda vuelta.
¿Por qué vemos que, en Perú, la población está dispuesta a participar en marchas multitudinarias contra una candidatura o el Congreso, pero ese interés por la política nacional no se refleja en una mayor militancia en agrupaciones políticas?
Es muy difícil construir un partido, sobre todo en el siglo XXI. Las organizaciones partidarias ya no tienen el papel que tenían cuando surgió el Apra o Acción Popular. Ahora todo es mucho más fluido, los candidatos pueden ser elegidos sin partido. Además, hay una gran desconfianza en el Perú hacia las instituciones de la democracia representativa. El Partido Morado demostró que es posible construir algo y la izquierda, con muchos problemas en los últimos diez años, también lo intentó. Pero estamos en una época, a nivel mundial, donde los viejos partidos tradicionales son cada vez más difíciles de construir. Si un país mantiene los viejos partidos, como Estados Unidos o Uruguay, pueden seguir, pero si colapsan, como en Venezuela, Guatemala o Perú, es muy difícil reconstruir partidos. En algunos años, más países van a ser más como Perú que como Uruguay. Estamos viendo un futuro de una política electoral mucho más fluida, inestable y fragmentada. 
¿Esta dificultad para la formación de nuevos partidos le podría dar una chance de resurgir a partidos como el Apra o PPC?
Uno puede imaginar que, con una nueva figura carismática, puede presentarse como el nuevo Apra. Tendría que ser un cambio dramático de su imagen que ahora está en el piso. Acción Popular, que casi despareció, es un partido muy extraño y dividido, pero se ha fortalecido y está mejor ahora que hace quince años. El PPC no muestra muchas señales. Pero en un sistema presidencialista mucho depende del candidato. Si encuentran un candidato popular, que hasta ahora no lo han hecho, es posible.
Durante las últimas semanas, se ha visto a Castillo intentar desmarcarse de la imagen de chavista y comunista. Incluso ha invitado a Julio Velarde a continuar en el BCR. ¿Considera que está planeando un gobierno sin una marcada ideología política de izquierda?
Espero algo en el medio. El gobierno de Ollanta Humala decepcionó mucho y dejó un legado muy fuerte en la cultura de la izquierda peruana. Convertirse en Humala 2.0 sería muy costoso para Castillo. Este gobierno no va a ser de centroderecha sino de centroizquierda. Por otro lado, sería muy arriesgado gobernar de una manera muy ideológica y de izquierda, o sea gobernar con Cerrón. No tiene mayoría en el Congreso, le falta experiencia, carece de capacidad de movilización y no tiene amigos en el Poder Judicial ni en las Fuerzas Armadas. En el Perú, sobre todo el establishment, es muy conservador y es un país de centroderecha. Si él busca seguir el camino más radical, podría terminar fuera del poder. Lo más probable es que busque construir una coalición más amplia que incluye a la izquierda limeña pero también a elementos de un centro democrático, que podría ser una facción de Acción Popular, el Partido Morado y Somos Perú.
¿Pedro Castillo logrará separarse de Vladimir Cerrón teniendo en cuenta que necesita de la bancada de Perú Libre para salvarse de una posible vacancia?
Sin llegar a la presidencia, Pedro Castillo depende algo de Vladimir Cerrón. En parte porque no tiene equipo ni mucha capacidad de movilización. Amenazado por un movimiento golpista durante casi un mes, es entendible que todavía no ha querido romper con Cerrón. Necesita la capacidad de movilización aunque sea pequeña. Ya en el poder, el equilibrio cambia de una manera dramática. Instalado en la presidencia, Castillo tendrá un montón de poder y recursos. Cerrón tiene poco recursos, porque su partido no es tan grande y no es muy popular. Ofreció algo muy importante, como el partido, pero no creo que, si hay una divergencia entre Castillo y Cerrón, muchos congresistas puedan quedarse con este último, porque no tiene tanto para ofrecer como Castillo.
¿Que Pedro Castillo reciba apoyo de personajes como Pedro Francke y tengan reuniones con empresarios y bancos lo muestra como un personaje más moderado de lo que se esperaba y capaz de generar estabilidad?
Hace un mes era obvio que iba a hacer eso. No va a ser tan moderado como Humala, pero es casi seguro que se va a moderar. Sin embargo, con la derecha, que sigue hablando de golpes militares, anular la elección y hace payasadas en Washington gritando que hay una conspiración internacional, cualquier cosa puede pasar. Depende mucho de cómo responde la derecha. El sector privado podría terminar viendo qué puede negociar con Castillo.
¿Podrá Pedro Castillo mejorar su relación con los medios de comunicación para sus cinco años de gobierno?
Perú es un caso único en cuanto a los medios privados. Jamás he visto, en democracia, medios privados portarse como se han portado los medios en Perú. Despidiendo gente, mintiendo y haciendo campaña propagandísticas. Era algo difícil de creer. No sé cómo responderán, pero fracasaron. No pudieron derrotarlo en las urnas ni a través de un golpe de Estado. Eso me dice que la influencia de los medios principales tiene peso en Lima, pero su influencia no es muy grande. Lo peor sería un enfrentamiento entre Castillo y los medios, que se han portado de una manera tan irresponsable y antidemocrática que no me sorprendería un poco de revancha por parte de Castillo. También podría ocurrir que, si castillo termina siendo popular, los medios se terminen moderando. Cómo puede ser que un país que tiene tan buenos periodistas, como Gustavo Gorriti, César Hildebrandt y Rosa María Palacios, estén en exilio en democracia. 
En estas elecciones se vio a líderes políticos de la región involucrarse, como es el caso de José Mujica, Alberto Fernández y Luis Arce, ¿es importante es el triunfo de Pedro Castillo para la izquierda latinoamericana?
Muy pocos en la izquierda latinoamericana conocen a Pedro Castillo. Pero entre Castillo y Fujimori, y toda la coalición derechista y golpista que representa keiko, cualquier izquierdista y también cualquier demócrata va a simpatizar por Castillo. Un golpe de Estado exitoso en el Perú hace daño a la democracia regional y Pedro Castillo estaba muy solo. Las primeras semanas después de la elección, nadie dijo nada porque no entendían lo que estaba pasando y casi todo el establishment peruano se estaba subiendo al carro del golpismo. Algunos líderes, como Alberto Fernández y José Mujica, pensaron que había que darle algo de legitimidad. Entiendo menos la coalición de expresidentes derechistas que se subieron al carro del golpe. ¿Por qué Andrés Pastrana, Vicente Fox y José María Aznar querían intervenir denunciando un fraude sin evidencias y básicamente apoyando una iniciativa golpista? 

Escrito por

Cristian Rebosio

25 años / Comunicador / Lima, Perú / Twitter: @crebosio95


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